jueves, 23 de noviembre de 2017

Ella

Cuando la miras,
ya no está.
Y está.
Sin que te des cuenta.

No es tu forma de mirar,
si no de enfocar,
tu perspectiva hacia la nada.

Esa nada que es todo.
Es todo el mundo,
Y esos escondrijos
que son inmunes a tus ojos.
Porque la pupila
ya no sirve para dibujar,
ni sirve para encuadrar,
ni si quiera para iluminar.

No ilumina partes importantes.
Se esconde, se sumerge
en algo indescriptible,
da igual cómo lo llames.
Intenta describir,
que tu pupila enfoca
cuando quiere sentir,
y no cuando importa.

Te deshinive del mundo,
te atrapa, te congela
en sus preciosos engaños
y no te muestra las cosas.

Te aisla,
te describe cosas imperceptibles,
intenta que no veas,
que no huyas de su trueque.

Que no te engañe,
por favor, vuelve,
llega a ese instante cumbre,
en el que ya sientes.

Y a la vez,
no sientes nada.
Ella, ella te influencia,
aunque ni quieras.

Te balanza la forma de enseñar,
de percibir un todo,
la manera en la que deseas mirar,
y zambullirte en el mundo.

Y luchas,
luchas para desbloquearla,
para no dejarla ganar,
y dejas de brillar.

Construye cada pieza del puzle,
que ella no te deja acabar,
y vence tu pupila humilde.

Tu iris ya no es del mismo color,
ni percibe los colores tal y como son,
no encaja tus piezas
ni tu manera de vencer contra ella.

Toca, toca cada objeto, cada persona,
cada risa, cada olor.
Concentra tu iris en exiliarla,
y siente tus órganos.

Respira cada aliento,
saborea incluso un color,
tus pasos al andar lento,
y tus manos al tocar el suelo.

Oliendo un libro nuevo,
o tu novela favorita,
oír el sonido de un lápiz contra un papel, sigiloso,
y dejar que la lluvia moje tu alma

Siente cada beso,
la respiración en la nuca,
de quien te está contando esto.
Y vuelve de nuevo a tu perspectiva.

Fluye

Deja que los kilómetros separen nuestros cuerpos.
Deja una carta en mi buzón.
Deja unir otra persona a ti.
Deja abrazarte y no físicamente.
Deja a tus males en las puertas de tus murallas.
Deja que el dolor entre y luego expulsalo.
Deja que fluya.
De verdad, dejar fluir todo y cómo lo sientes es la mejor sintonía con tu cuerpo.
No dejes que la pena te hunda.
No dejes que te hagan daño.
No dejes que la distancia separe lo que tenemos.
No dejes que te desgarren entero.
No dejes que el dolor permanezca.
No dejes que te quieran mal.

No sigas estos consejos si no quieres.
Haz lo que tú creas correcto.
Porque no siempre lo que que quieres es lo correcto.

O lo que es correcto es lo que quieres.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Abre

Abre mi cuerpo
con el filo de la navaja,
hacia dentro, en un momento.
Verás que no hay nada.

Haz una incisión profunda,
contén la respiración.
O hazlo sin mirar.
Da igual, es un cuerpo.

Describe lo que hay.
Por favor, nunca supe
como mirar hacia mis entrañas
sin hacerme daño, por lo que pudiese suceder

Pero pienso,
que si alguna vez
hubiese un espejo
que pudiese ver
de qué estoy hecho,
cuál es el reflejo,
o mi cuerpo
por dentro
me aterrorizaría,
porque sólo siento vacío,
siento que no siento nada,
ni con sustancias de por medio.

Me he vuelto inmune.
Inmune a percibir,
inmune al dejar correr
cualquier brisa de vivir

Percibo que al abrir mi cuerpo
la indiferencia te golpeará el olfato,
con un día nublado,
y lo demás deshidratado.

Creo, que si hubiese un espejo,
donde se pudiese ver todo,
podrías ver un rostro putrefacto
al que a todo tiene miedo

Me escondo de esas navajas.
Y esos espejos.
No se sí existirá,
pero no viviré para ello.

Nada, no veo nada de provecho.
Ábreme, de nuevo,
si no lo habías hecho,
puedes volver en otro momento.

En otro tiempo,
otro espacio, lugar.
Puede que sin el miedo.
Puedas abrirme con una nueva navaja.

Y poder decirme qué ves.
Porque yo, sigo ciega.
Y al verme en completa desnudez,
es él quien me alimenta.


jueves, 16 de noviembre de 2017

Todos.

Somos diminutas células a cuales nadie preguntó si queríamos seguir creciendo o morir en el intento.
Algunos dicen que comenzamos siendo polvo.
Y otros que somos descendientes de Adán y Eva.
Mentira, mentira, mentira.
Siempre estamos condicionados, desde que decimos nuestra primera palabra hasta la última.
Somos un ciclo en el que unos acaban antes que otros.
A veces ni lo decidimos, no podemos jugar con el destino.
Y de vez el cuando el fin de nuestro destino decidimos elegirlo.
Cobardes, cobardes, cobardes.
¿Ahora puedes ponerte en la piel de alguien?
Intentalo, arrímate, vive y experimenta con esa persona momentos inacabables, ¿de verdad eres capaz?
Nadie, nadie, nadie.
Nadie sabe mas, nadie puede unirse en la mente de alguien.
Hazlo, vuelvete loco, vive dos vidas y descuidaré de la tuya.
No, no, no.
No te impliques. Vas a hundirte y quizás unirte demasiado.
Simplemente comparte.
Intenta ser tu propia célula, polvo, y Adán y Eva.