Quiero irme de aquí. No quiero seguir siendo así. No quiero. Quiero ser otra persona. Cambiar del todo. Radicalmente.
No me siento viva. Quiero decir, no siento que esté viviendo mi vida. Siento que soy otra persona, no soy yo, que sólo sufro, no siento y que siento todo.
Que todo está cambiando.
Todo está en el aire, desapareciendo, y apareciendo a la vez.
Son como hilos deshaciendose y tensándose, dependiendo de la conexión.
Luces apagándose y bombillitas chispeando y deseando encenderse.
Vocecillas imitando a Pepito Grillo y rugidos en la noche de luna llena.
Y el exterior, y dentro, y entrometiéndose y ahuecándose entre los vacíos... la oscuridad, - puede que sea lo típico, pero ahora mismo siento el cambio más que nada, y lo hago sin sentimiento - que va y viene como le conviene, que a veces invade todo y otras se esconde. Se esconde y se torna escarlata, que es el que deshace los hilos y los tiñe a su antojo.
Necesito que aparezca lo que tenga que aparecer, y que si algo desaparece, que lo haga para siempre y no vuelva, porque duele.
Que grite por el día en vez de con luna llena.
Que destensen los hilos, que se hagan más fuertes, que se estiren, se amolden y entrelacen y se agarren a piezas sólidas.
Que las luces se apagen del todo y dejen de alumbrar, y sin embargo, que las bombillitas se enciendan del todo.
Y sobre todo, saber llevar la presión de ella.
No debe de ser nadie, o debe de ser alguien. O soy yo. O no. No soy nadie. Y soy alguien.
Me despersonalizo constantemente al llegar al punto de que ni si quiera sé cómo seguir, cómo conllevar y sobrevivir, cómo ser yo o si alguna vez lo he sido. Si todo lo que he vivido no he querido que fuese así y ha sido una mentira y mi persona esté al llegar.
Quién sabe. Estoy ciega.
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