Era totalmente nueva, sus contornos cristalinos no dejaban ver bien del todo sus colores, casi siempre se veían distorsionados; sus colores cambiaban, también sus formas.
Un día, fue comprada por Ricardo: todos sus amigos tenían una, ¿él iba a ser menos? Por su puesto que no.
Aquel niño, feliz con su canica, la observaba y todos los días deseaba que llegase el recreo para jugar con todos sus amigos y, claro, ganar. Siempre pensó que era especial, era suya.
Llegada la hora del recreo, los risueños niños hacían un círculo y lanzaban sus canicas a ver quién podría ganar cuantas más mejor o quizás la más bonita.
Sin embargo, su canica era diferente, cosa que nunca se dió cuenta: al chocar con las otras, iba perdiendo colores, desgastando sus contornos disorsionados y sus formas desaparecían poco a poco.
Un día Ricardo, arriesgando todo, lanzó su canica, dió a las otras puestas en un círculo, pero, al salirse del límite, perdió y su contrincante se llevó las suyas mas las de él.
El niño se llevó un disgusto, quiso volver a tenerla. Quería verla una vez más, saber que la había perdido de verdad.
- ¿Me dejas un momento la canica aunque ya la tengas tú?
- Vale, ¡pero sólo un momento! ¡ahora es mía!
En ese momento, observándola detalladamente, vió que ya no era igual de como la había comprado en la tienda. Y se dijo a si mismo: "bah, qué mierda de canica: se ha desgastado en tan poco tiempo que ya ni sirve. Ahora la tiene mi amigo. Me compraré una más bonita aún y mejor"
- Ten, es toda tuya
Su amigo, llamado Tomás, se fué feliz con todo lo que había ganado.
A lo largo que pasaban los días, Ricardo se compró varias canicas nuevas y Tomás, cada vez se quejaba más de que iba perdiendo utilizando la canica de Ricardo.
- ¡Menuda mierda te compraste tío! ¡encima creo que se ha roto y todo, ya no tiene ni los colores de antes!
Tomás, enfurecido de perder y de que ya ni fuera bonito su obsequio, tiró la canica con todas sus fuerzas, estrellánola contra el suelo y haciéndola mil pedazos.
En ese momento se dieron cuenta de que no había nada dentro de ella, estaba vacía y sólo quedaban los contornos acristalados y deformes.
La miraban, pero nadie quería recogerla de nuevo: ¿y si al coger uno de sus trozos te cortabas el dedo? ¿quién iba a hacer eso? ¡Encima ya rota! ¡no servía!
En ese momento, un minúsculo color gris de forma circular casi indistinguible del suelo, empezó a saltar.
Los niños anodadados miraron con cara de miedo y extrañeza aquel color.
Gritaron aterrorizados, no sabían lo que estaba pasando.
En un momento dado, cuando el color consiguió alcanzar mayor velocidad, explotó en miles de trozos de purpurina.
Observaron que no era purpurina gris, si no de todos los colores existentes: naranja, rosa, verde, amarillo, azul...
De esos minúsculos escombros apareció una pequeña hada, y por primera vez en su vida: abrío lo ojos.
Ella estaba hecha de todos esos colores vívidos y alegres, pero a su vez, también tenía colores apagados.
Se acercó a Ricardo batiendo sus alas, dejando caer purpurina en su vuelo.
El muchacho se asustó y se alejó de ella.
"No tengas miedo, me llamo Pur"
Ricardo sintió terror al oí aquella voz en su cabeza. ¿Estaba volviéndose loco? ¿o era un sueño?
"Tranquilo, no voy a hacerte daño" su voz era como un soplido de brisa en una tarde de verano, agradable. "Puedes hablarme desde tu mente, no puedo leer tus pensamientos"
"¡Vale! ¿¡quién eres!? ¿por qué solo puedo escucharte yo?"
"No te asustes, no te voy a hacer daño.
Poder, podrían escucharme todos, pero no es así.
Estoy aquí porque tu amigo al romperme me ha liberado. Ahora me dirigiré a todos"
"Hola mundanos, soy el Hada de la Venganza, Pur.
Vengo porque un sujeto me ha liberado, y el que me encerró en esa pequeña canica quiso que aprendiera la lección por ser vengativa.
Quería que viviera toda la eternidad encerrada en entre esos pequeños cristales.
Aquellos colores vivientes no eran simples; era toda yo, mi alma. Y cada vez que chocaba, moría poco a poco. Estaba a punto de morir, pero mi color de esperanza, gris, permaneció cuanto pudo.
Justo en ese momento, cuando no podía vivir más, rompió, exploté y viví.
Vengo a deciros que haber hecho esto trae consecuencias: quien destroza la canica, queda encerrado dentro. Y no será liberado a no ser que alguien lo rompa con intención de querer salvarlo de verdad, y dar su vida y que se convierta él en un hado/a.
Al contrario, si alguien rompe la canica sin razón, el alma de esa persona queda disuelta en la nada y desaparece.
¿Quién arriesgaría todo por el alma de una persona?"
Así pues, los cristales fueron recompuestos, el cuerpo de Tomás fue reducido a su esencia e introducida dentro de la canica.
Ricardo no se lo podía creer, ¿él había provocado todo eso? ¿no había otra solución?
De esa forma, cogió la canica, ahora de colores vivos, y la rompió en el suelo.
En ese momento, sintió que reducía, que se convertía en polvo, que volaba. Que podía ser libre.
Ahora miraba el mundo de otra forma.
Se quedó bloqueado cuando miles de imágenes le vinieron a la cabeza: de cómo alguien había hecho daño a Pur, ella, desesperada, hizo que culparan a esa persona de algo que no había cometido. Su amo, el vendedor de canicas, se enteró y decidió hacerla eso.
Después, hubo polvo y oscuridad.
Sintió cómo perdía la noción del tiempo, hasta que, se vió a sí mismo cogerla con delicadeza, de mirarla y utilizarla.
Sintió la agonía al desvanecerse poco a poco.
Al contrario, hasta ese día sintió una explosión y vida en todas sus zonas de diminuto cuerp, de libertad voladora y mensajera.
Asimilando esto, sintió que podía vivir así para toda la eternidad e intentar ver la realidad de una forma totalmente diferente.
Batiendo sus alas se dirigió a Pur asintiendo y volaron a un mundo por conocer.
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