sábado, 1 de julio de 2017

Los silencios

Silencio 1

Te quise y te quiero libre desde antes y hasta el final de los tiempos.
Quiero que vueles como aquellas tres polillas que me enseñaste al conocernos.
Quiero darte ese espacio aunque sean kilómetros.
Quiero y me gusta verte libre con otra persona.
Te veo con fuerzas, renovadas, que tanta falta te hacían.
Quiero que te vuelvas a mojar y conocer mares.
Quiero que te coloques. Que coloques tu cuerpo también para una nueva etapa.
Es la decisiva.
Quiero que te prepares
Y que hagas lo que hagas no sufras en silencio.
Suéltate y sigue adelante.
Levita. Y vive. Vive cada experiencia al máximo.
Respira hondo y sigue queriendo libre.
Ya imaginas mi despedida.

Silencio 2

Cómo quieres que te de un suspiro que tú nunca supiste darme.
Y te lo di.
Te lo di hasta que los días se acabaron.
Hasta que ni si quiera se pudo marchitar algo que no floreció.
Te veo marchito por dentro, pero con un tallo pequeño que desea salir a los reflejos de tu hielo.
Que ahora se ha derretido y convertido en el infierno. Sólo hay dolor por lo que te quema por dentro.
Podría darte hielo, pero no quiero.
Quiero que navegues, que fluyas y te embarques en tu aventura. Que ni si quiera sabes cuál es todavía.
Bucea, aunque sea entre el fuego. Te ayudo.
Podría hacer que se agravara, pero a continuación se apagaría.
Aún así quieres desatar tu fuego.
¿Qué haces tú ardiendo cuando un día fuiste hielo? Pregunta al sol que te quemó y destruyó.
Y es al que más tienes miedo.
Porque le amas, amas a quien destruyó tu hielo, que quizás fue demasiado lejos.
Y lo siento. Quizás tu tallo no pueda florecer en tu infierno.
Tendrás que ir apagándolo llamando al hielo.
Llámate, llama de nuevo a tu espejo de hielo.
Acabó ardiendo.
No tengas miedo, aleja al sol.
Aleja sus rayos tóxicos que no traen nada bueno
Y si no, sigue ardiendo.
Ojalá pudieras seguir aunque sea en tu derretido hielo.
Eres fuerte, no sigas por ahí, construye algo nuevo.
Tu tallo sigue ahí, escondido del fuego.
Y te quiero. De cualquier manera, estado físico si quiera.
Quiero que vuelvas.

Y vueles.

Silencio 3

El otro día no paraba de rascarme.
De tener rabia y cualquier cosa mala acumulable.
Me rascaba la cara y el cuello. Los ojos también me lo pidieron.
Rasqué y me metí en la ducha.
Y estallaron.
Mientras el agua fluía en el rostro, no se distinguían los sollozos.
Y no sabía por qué seguía ahí.
Qué me había traído hasta ese punto en el que no es instintivo explotar. Sin querer.
Sólo es soledad, desesperación y desahogo para que nadie se de cuenta.
No hay que decir nada, no se puede.
No caigáis más, que me voy a ahogar y solo quiero terminar fluyendo.
Y no fluyendo entre mis venas. Con mis venas y mis latidos al unísono de nadie.
Nadie mira, nadie ve las lágrimas escondidas.
Camúflaras y convence a otros de que ya estás fluyendo.
Y no rascándote en silencio.

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