Estoy llorando otra vez.
Y sólo siento nostalgia y agradecimiento por una huida justificada.
Y gracias, gracias por haberte ido y no volver. Gracias por abrirme los ojos por romperme de esa manera.
Y no lo digo a mal, todo lo que me hiciste sentir fue bueno. Fuiste un gran apoyo. Sé que nunca leerás esto, pero después de un año, sé que siempre haces lo mejor, siempre. Y esta vez hiciste lo que debías. Lo que necesitaba.
Y al principio me frustré, me dolió, obviamente, eras un gran pilar como amigo.
No imaginaba vida sin ti, sin soluciones inmediatas en cuanto te hablaba.
Y ahora me doy cuenta de que cada una de esas soluciones que me decías, ahora debería hacerlo por mi misma. Y claro, siempre es mas difícil sola.
Pero no pasa nada, todo sigue, todo fluye. Y se va. Y se rehace.
Siempre nos estamos rehaciendo, deconstruyendo, construyéndonos, y es lo mejor. La mejor opción. La mejor medida en nuestras vidas.
Adiós y hasta nunca, y siempre.
Y ahora me planteo amistades que me encantaría dejar como hiciste tú conmigo para no hacerme daño a mi misma de "utilizarte" de recurso, para avanzar, no ver el final si no está la solución. Pero eso no es tan fácil como preguntarlo y que la respuesta esté ahí. Está después de muchos pasos y esfuerzo.
Veo felicidad en tu mirada, y no veas como se me iluminan los ojos al verte así.
No sé qué habrá pasado en todos estos meses, tampoco importa.
Todo seguirá.
Y ¿sabes? Nunca pido ayuda desde que te fuiste. No sé si es un problema y hay cosas que debo hablar pero de todo se sale.
Gracias.
Y que las olas fluyan contigo y con quien te acompañe.
viernes, 3 de marzo de 2017
Oda a una ola
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario